VI
Lo expuesto en
puntos anteriores han sido recopilaciones de información para mostrar el
trabajo analítico, reflexivo y comunicativo, con el objetivo de dejar ideas
para debates, críticas y sugerencias. Sin embargo, no hacen parte de la
asignatura producción de prensa, pero le dan un cuerpo a este blog. Lo siguiente
viene de la mano de otras lecturas y observaciones con un estilo narrativo e
informativo, lo cual no es calificable, sino más bien dejar en este blog ideas
que muestren una realidad. Lo siguiente entonces, son otros apuntes que también
no están bajo una directriz fechas que marquen un diario a seguir. Lo que se
pretende es, como ya se ha dicho, abrir debates para generar nuevo conocimiento.
Crónica uno
MIGAS DE PAPEL EN EL ANDÉN
Hay un camino de migajas de papel que a
cada paso deja en la acera como si
fuesen vestigios para ser encontrado por la vía Maturín, por donde él sigue
haciendo rutas en zigzag al compás de su cuerpo maltrecho, sucio, fétido.
Él camina por la calle peatonal Carabobo;
en su trayecto revisa los botes de basura para encontrar papeles azules,
amarillos, blancos, rojos; se queda con ellos para rasgarlos uno a uno, a la
vez que los suelta con su despacioso caminado en el que deja su estrés, pues el
cortar papeles es desestresante, y así se dirige a la Iglesia de la Vera Cruz.
Él, anda a paso lento hacia el Palacio
Uribe Uribe, con su camisa grisácea, pantalón café, chanclas tres puntadas,
lleva en el hombro una bolsa y en la cabeza un sombrero verde espinaca; de esta
manera, deja atrás pequeños signos de su olor y papeles como si fueran sobras
de ausencia, búsqueda de sueños ahuecados ¿Todo eso para hallarse, devolverse?
Lo que pasa es que son huellas de sus pies llenos de polvo que lo rodean y lo
llevan por las aceras de los Centros comerciales que desplazaron a las
cantinas, las prostitutas, dando paso al comercio popular.
Él sigue con su cuento infantil ahora por
la calle peatonal de Junín, buscando hojas de colores y a veces descubriendo
dentro de esos botes vasos medio vacíos de gaseosa, jugos, cafés y si está de
buenas sobras de comida como arroz, papas fritas, tajadas de platano, entre
otros alimentos que la gente deja porque está vinagre o porque simplemente lo
dejan para que alguien, como en el caso de él, lo recoja y se alimente y así
seguir con su miseria humilde sin molestar a nadie ni por su llanto ni por su
hambre que nunca termina como sus parásitos que lo alimentan de esperanza.
Guillermo Gutiérrez solamente para eso
sobrevive, pues desde que llegó en los años 80’s desde Santuario de la vereda
Portachuelo, en la que perdió a su familia
por la guerrilla que desolaba, desplazaba a diestra y siniestra todo
cuanto campesino viviera por esa zona, así mismo en Granada, Marinilla.
Entonces, cuando llegó hace tres décadas
fue a parar en una ‘casucha’ cerca de Moravia, la cual fue comprada con lo poco
que subsistió cuando tuvo que huir de su pueblo, en especial de la vereda
Portachuelo, en una de esas mangas, él tenía su rancho donde labraba la tierra, sembraba allí
hortalizas y verduras hasta que una noche unas botas empantanadas pisaron los
corredores de su casa, pidiendo de forma arbitraria esa tierra o un tributo;
luego todo fue gritos, sangre, huir.
A los pocos días de instalado, se fue de
eso a las seis de la mañana a Guayaquil –llamado hoy en día como ‘el hueco’-,
en búsqueda del ‘rebusque’. Montó en la acera cerca del almacén Los Marinillo
–un local en el que venden ollas y enceres-, su carrito de mercancía que
difería según el momento, si era temporada decembrina, entonces se conseguía
todo lo pertinente a ello: luces, pesebres, juguetes, postales.
Si era temporada escolar entonces exhibía
todo cuanto al papel de dibujo se refiere, como también al de escritura, y de
paso la muestra en público de lápices de colores, de marcadores, borradores de
todos los tamaños, sacapuntas y la cartilla Nacho, el libro inicial de lectura.
Otras veces, si era temporada de madres, se
llenaba su carrito de madera, en cuanto a artilugios se refiere a ese evento.
Así eran esos años en que el ese sector ya dejaba de ser de solo bares y putas,
para pasar a ser comercializadora desde los Sanandresitos hasta los vendedores
ambulantes, debido a los desalojos forzosos que tuvo que padecer gente de toda
la región Antioqueña, y así mismo en ese sitio en que él vende entre Maturín y
Cundinamarca otros también lo hacen en la calle venta de cachivaches, ropa,
‘chunchurria’, frutas, verduras, hortalizas, revuelto, así mismo como la
butifarra y papas fritas.
Guillermo Gutiérrez siguió en ese menester
en que se llega a las 8:00 am y al finalizar el día a las siete pasadas de la
noche, lleva su carrito a un depósito al lado del centro comercial Los Panches;
luego de dejarlo allí se va a una de las cantinas por la calle Amador,
encontrándose en la entrada una canción de tango y unos cuantos amigos en la
mesa tomando aguardiente, fumando a gusto y con tres mujeres sentadas a ambos
lados de ellos; casi siempre al finalizar labores, departía con sus amigos
acerca de futbol y que hubiera sido si Gardel estuviera vivo, a lo mejor lo
sentarían al lado de ellos para que le cantara “mi noche triste” o
“cambalache”.
Otras veces cuando no paraba ahí, era
porque se iba a los billares que quedaban diagonal al Hotel Nutibara, allí
también se gastaba lo que se ganaba
“pues el que no llora no mama” y así chupaba aguardiente, apostaba y hacia
carambolas cuando su artritis no lo jodía porque si no lo perdía todo como sus
amores que no era ni de verano ni de primavera porque “De noche, cuando me
acuesto no puedo cerrar la puerta, porque dejándola abierta me hago ilusión que
volvés”.
Eso pensaba él cuando a la cama se metía
con licor hasta la médula de sus huesos, para levantarse al otro día y seguir
con los avatares de los días en la ciudad de la eterna primavera al compás de
la perdurable embriaguez del que ahora duerme su cuerpo cansado y sudoroso. De
ese modo, con sus malos hábitos, fue lo que lo llevó a hacer malos negocios a
mitad de los años 90’s, cuando ya no le alcanzaba para comprar artículos para
alguna temporada que se avecinara. Entonces cambió de oficios, de lustrabotas
pasó a cuidador de carros, pasado eso a ‘bultero’ en la Plaza de la Minorista,
por la avenida Ferrocarril.
Estuvo en ese trabajo por varios meses y
con lo que ganaba, ya no conseguía para ir a los billares, a las cantinas de la
calle Amador; poco a poco su dinero solo le daba para comprar ‘el diario’ pagar
una pieza por la avenida de Greiff con Cúcuta. Fue por ese sector en que tuvo
un amorío con una prostituta, esta que a la vez tenía una amiga, y que esta se
acostaba a escondida con el compañero de la otra.
Fue así en que una mañana tuvo un ‘tropel’
con ellas dos, al pie de una cantina, con botella rota y una pierna de una de
las putas estaba cortada; ellos tres estaban ahí “bebidos hasta la madre” luego
de haber discutido, gritado, pegado, cortado. Días después cada uno dejó de
saber del otro; así mismo sucedió en el trabajo que dejaron de saber de él, que
no volvió a parecer para cargar y descargar bultos.
De ese modo, Guillermo Gutiérrez siguió
con sus pérdidas y dejadez por donde andaba y dormía; primero fue su familia,
luego su casucha, y acto seguido el trabajo en la Minorista, de igual manera
los lugares que visitaba como las esquinas de la Vera cruz, ya no le
fiaban ni le daban a cuidar sus negocios
en la noche, debido a que empezaba a robar para seguir en su ’beba’. Así lo
fueron desplazando como le pasó a él años atrás, ahora es el turno de él en que
se va sintiendo marginado en cada lugar en donde le conocían como ‘guille’.
De nuevo se perdió varios años de la zona,
que ahora ha sido peatonal todo el sector de la calle Carabobo, lo mismo el
viaducto del metro por la calle de Maturín, así mismo la avenida del río que
tiene un camino por donde la gente pasa al borde del río Medellín que linda con
la plaza de Toros, ese sector, fue idóneo para ‘guille’ pues se encontraba con
los mismos que él, así como se les llama, ‘desechables’ que su oficio es ir de
bote en bote buscando qué comer, qué beber y en este caso ‘guille’ busca algo
más, para dispersar la mente, para ocupar sus manos en algo mientras espera
alguna moneda de algún transeúnte por la avenida San Juan, por donde va
‘guille’ pasando cabizbajo cortando papelitos con su transitar por la calle que
linda con los Edificios Carré y Vásquez que le dan sombra a este andariego que
lo único que tiene, es lo que tiene puesto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario