miércoles, 30 de abril de 2014

Esto no es nada

VIII
En este recorrido de escritura, se ha venido notando análisis de importancia de referente a la veracidad, a la memoria, a reaccionar y decir lo que es correcto y no. Aquello que en algún momento dije. Se está en una permanencia de violencia simbólica, en donde todo aquello que se ve, es natural, la verdad es, le precede una manipulación, es evidente en lo televisivo, lo político, lo social, e incluso en lo periodístico. De ahí, el haber expuesto las ideas anteriormente con respecto a un movimiento netamente antioqueño. Ahora bien, se ha de continuar con el artículo tipo informe, el cual no fue seleccionado para sextante por cuestiones de políticas internas que ente caso no he de mencionar, no son pertinentes.

ESTO NO ES NADA

Hace 53 años nació el movimiento literario el Nadaísmo, pensamiento iconoclasta, con su fundador un joven de Andes llamado Gonzalo Arango, dispuesto a movilizar las mentes de los ‘pacatos’, que impusieron sus normas y doctrinas desde la consigna: miedo a Dios.

El nadaísmo congregaba gente a su “idea de sacudir los cráneos agusanados de poder y mercantilismo de la época”, afirma el artista plástico Mario Sánchez. Es de este modo que los jóvenes de ese momento no estaban de acuerdo con los atropellos la mojigatería, el hombre-máquina, el abuso de poder. Los Nadaístas debían manifestarse.

El movimiento literario, el Nadaísmo, sus orígenes se conforman por el poeta Jorge Gaitán Durán y revista cultural Mito. También el político, asesinado en el 48 Jorge Eliecer Gaitán candidato a la República de Colombia.

El contexto literario de los Nadaístas, se da “en la década de los 50’s cuando el poeta Jorge Gaitán Durán, oriundo de Cúcuta y que después de viajar a Europa, vuelve a Colombia y funda la revista cultural Mito con un grupo de poetas llamados los cuadernicolas”. Afirma el médico general Juan Fernando Uribe, un cercano amigo de los Nadaístas, quien en entrevista contó a grandes rasgos hechos relevantes al movimiento. En donde dice además que aquella época estuvo enmarcada de conflictos entre conservadores y liberales, los católicos y los impíos; dando unos años sangrientos de intolerancia e incomprensión en las ciudades y campos de Colombia.

Sin embargo, el Nadaísmo, viene de dos términos. El uno ‘nada’ es la ausencia de cualquier ser o cosa. Y por el otro lado esta  ‘ismo’ que es sufijo y significa doctrina, sistema o modo. Lo dicho anteriormente, afirma que el nadaísmo para ser lo que debería se concibe desde postulados del existencialismo, nihilismo la generación beat.

Fue un caldero de ideas en pro de desmontar ideas preconcebidas el materialismo, la doctrina católica. Por tanto sus manifiestos: “primer manifiesto nadaísta”, “manifiesto al Congreso de Escribanos Católicos”, “manifiesto nadaísta al Homo Sapiens”, “los puritanos y moralistas de la sociedad burguesa”, por mencionar algunos que distan de la capacidad de panfletos, poemas; permeados de situaciones de orden político, social y religioso. Su bandera, entonces era la de hacer crítica al status quo de la época.

Los nadaísta, acogieron ideas orientales, ese despojarse lo cuanto es el consumo, el mercantilismo, las ideas preconcebidas, la recalcitrante mojigatería que  cohabitan esta ciudad de apartamento-dormitorio. Su propuesta entonces era irse en contra de esa época persuadida en la doble moral, el materialismo, el poder queriendo más poder.

Con una conducta asumida como normal, bajo los parámetros de lo católico, pues la iglesia quería y deseaba seguir siendo un príncipe. Entonces entran los Nadaísta a punta de panfletos con cara de tumba-ídolos. Sin embargo los engranajes del sistema político, social y religioso de la época, los encaminó  a que les iba ser difícil hacer un cambio en el mundo, este terruño llamado Medellín.
Con el fin de ser nada más que existencia, un existir que se apagó cuando Gonzalo Arango tuvo el accidente automovilístico en el 72, en donde perdió la vida.

Es verdad, el Nadaísmo llegaría a su fin con su gran expositor y panfletista: el profeta. Que quiso enérgicamente cambiar a una sociedad que solo buscaba mantener las “buenas costumbres” a costa de un pueblo vendado a punta de leyes y normas con su rezo dominical.

El nadaísmo debe surgir, como una propuesta ya no rebelde sino una propuesta que dejó expuesta Gonzalo Arango.

Un compás caricaturesco que quiere el dedo en la llaga; por el hecho de una sociedad “evolucionada” en el individualismo y un hedonismo mal entendido, dentro de una cultura light. En su corriente lleva una juventud desmotivada intelectualmente, desde la clase alta. No sucede entonces con la clase popular, estos jóvenes son más pensativos e inquietos. Así uno vea lo contrario en los medios, ese efecto del consumismo en la clase media alta. Pero la clase popular es una juventud que explora, se mueve, se inspira; es una franja de jóvenes que son curiosos. El nadaísmo sería muy interesante rescatarlo porque continuaría poniendo el dedo en la llaga.

Por ese tejido de despojarse de las ideología, diálogos prefabricados. Dando paso desde su desnudez a construir nuevos advenimientos culturales para crear un hombre nuevo; justo, digno y creativo.

“Abriría nuevos interrogantes para salvar el mundo de la anarquía y el caos. Se está viviendo la cultura del desamor: no me importa quién eres tú, desde que no me afecte a mí. Es un estoicismo pequeño burgués muy mal entendido”. Palabras menos, palabras más, me dijo éste hombre Juan Fernando Uribe, un enamorado de los Beatles y desde luego influenciado por los nadaísta iconoclastas los Nadaísta, su plástica, su poesía, si se analiza a conciencia, es una poesía caricaturesca con tintes del maestro Fernando Gonzales, quien afirmó  y lo parafraseo: los nadaísta es una generación que movilizará las conciencias ante tanto “pacato” que hay en Medellín.


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