miércoles, 30 de abril de 2014

Lata de conservas

VII
La propuesta siguiente para éste blog de producción de prensa, es un hibrido entre diario y artículo, donde se conjugará lo narrativo con lo informativo y lo poético. Luego de esto se mostrará el artículo informativo.

Lata de conservas

I
     Abro la lata de conservas y uno espera un olor fétido o por lo menos un olor dulzón o insípido. No es así, es extraño, no hay olor alguno, es como si fuese un no contenido, un vacío incoloro.  No  lo sé con exactitud.

Hace mucho, había cerrado la lata de conservas, bueno,  no es la única, a la que me refiero, es a otra lata de conservas, quizá las demás han tenido ese olor a lo inminente, eso llevado dentro de mí: un hacedor de palabras. No lo puedo negar, en ocasiones abro una lata de conservas y pienso si tomaré ese mismo camino: comerme su contenido y ser lo consumido.

Estas latas llevan una etiqueta como las latas de los supermercados de las ciudades decorativas, abarrotadas de precios y publicidad consumista. Las mías, viven en la alacena, debajo de libros y pancartas de sentimientos; Sé, de lo acontecido de algunos días, abrí una lata de conservas y extraje un poco de agua tinta con mi pluma fuente y escribí unas cuantas impresiones, llámense poemas o palabras poéticas, de cualquier modo eran letras encajadas una de tras de la otra con sabor a mis lecturas recientes y entrevista a las orlas del nadaísmo.

También con sabor a Olivia, mi amiga quien vive en Buenos aires. Esa noche la extrañé. Quise dedicarle unos textos, sabiendo de ante mano, no habría respuesta. A mi asombro, Olivia escribió, en breve dejó un extrañarme y de paso preguntarme por el nadaísmo y el Bicentenario. Entre tanto recuerdo a Olivia, con quien tengo un mutuo sentimiento de pancake con miel de Maple, a la hora del desayuno.

Ahora, abro ésta, sinsabor, un agua tinta de colores; mi pluma fuente, absorbe como es de costumbre y termino por decir bobadas en esta media noche entre un café y un cigarrillo.

No suelo  escribir con “naturalidad”, decir: lata de conservas. Lo he considerado como una frase demasiado silvestre, hubiera preferido mencionar algo con sabor poético, sin necesidad de mencionar esa frase corriente. No me acostumbro a jugar entre palabras formales e informales, como así les he llamado.

Lo que pasa es algo complicado, hace tiempo he venido mejorando mi hablar y mi escribir, con ello, tener un lector medianamente diestro en la comprensión de un lenguaje y otro. Aunque esto es pura mierda, a la larga, los lectores no se buscan o se arrastran desde sus cabellos a que lo lean a uno. El lector, surge con el tiempo, a veces por amor al autor y otras por curiosidad.

No lo puedo negar, la gente de Medellín les gusta lo burdo, lo escueto. De algún modo se sienten identificados, si hablas como gamín de cuarta, así se sentirán a gusto con la lectura; eso es irónico, en éste valle de la eterna primavera-balacera, sabiendo lo mojigata y goda que es.

Vaya uno a hablar a lo literato y te mandan a freír espárragos o salen con la expresión “no te entiendo”, “es muy lindo”, a veces pienso: lo dicen por el hecho de no ser ávidos lectores o porque su inteligencia de obrero, no les alcanza para ir más allá de las palabras. El trabajo les da un mínimo de capacidad, así lo desean los burócratas, con el fin de que el pueblo no sea libre pensador – obrero-engranaje para la gran máquina tecnológica–.

Lo cómico, cuando me siento a leer algunos autores que tiene una escritura bien armada, esas, de necesitar completo silencio con el fin de entrever lo dicho por el escritor en una frase o en un párrafo como lo es, al fumarme “obra negra”. Yo no me pongo con pendejadas, de no entendí, no me gusta, es demasiado obtuso o absurdo. Bobadas de esas. La verdad, si me tomo el interés de leer así me hablen en chino.

Siempre he considerado que los libros merecen ser leídos, así sea el más abstracto o el más cursi o burdo. Creo, es una cuestión de apreciación literaria, en donde se sabe en la medida de la lectura qué quiere decir, el mismo texto se ha de defender por sí solo, ya lo dijo Zuleta, cuando habla de la lectura y hace mención de Nietzsche, en donde dice lo de rumiar, hasta desencajarse la mandíbula, de tanto mascar. Así ha de ser, ese leer y comprender, –tener el esfuerzo de leer con aguda atención–. [1]

Lo más curioso,  a la hora de terminar este texto y se lo lea a alguien, va quedar pensando: qué carajos fue lo que dijo este tipo. Es increíble, al hablar escueto, burdo, soez, algo como les gusta a ellos y son las lecturas “comida rápida” como dice Ángel Galeano H. que es como “comer papas a la francesa con sabor a limón o a pescado o a pollo refrito”.

Así le gusta a la gente, consumir bagazo, algo para llenar sus cabezas atrofiadas, de quién sabe alguna publicidad barata y de poco concepto. Deciden eso, pues no les gusta pensar, les da dolor de cabeza, no, hablando en castizo: ¡que hartera eso!

A lo mejor, no tienen ni idea qué es una lata de conservas, quién es Zuleta, Nietzsche ni mucho menos de lo que hablo. Quizás pensaron que les iba a hablar sobre un producto y como se comercializa en los supermercado de cadena o como llegó a través del TLC con unos cuantos lagartos y su politiquería, en el borde de sus bocas llenas de sabor burocrático de dinero verde y oro negro.

Rechonchos políticos como los sacerdotes y pastores que buscan en sus feligreses una ayudita económica para sus arcas y sus viajes al extranjero, ¡claro!, el único país que conocen y solo existe: Estados Unidos. Para ellos, los demás países quedan fuera de este mundo. En el que vivimos, lo tiene el tío Sam, no del gobierno o del ejército, sino de las súper marcas norteamericanas, con su técnica de bombardeo para consumir como si fuéramos toneles sin fondo.

Tendrá el lector, alguna puta idea de lo que hablo, un tonel. Solo falta que diga, es una palabra demasiado intelectual. Por su puesto, para su agusanado pensamiento, lleno de “comida rápida”, siliconas y bisuterías.

Que tal, hubiera empezado este texto con las usuales palabras, de ahora años, a lo mejor ni terminarían la frase, por notarlo demasiado intelectual o demasiado ostentoso; para sus gustos de corazón buitreado, al son de las porquerías tragadas en cualquier carrito de “comidas rápidas”. Y entiéndase, no critico a la noble gente que se gana el sustento con perros calientes, ensaladas inexpresivas, acompañada con una Coca-cola a la mano, mientras, esos clientes se desviven por el descote de la publicidad andante, sentada a su lado; un tipo modelo de revista de farándula o sacado de algún reality show con su hedonismo hasta en su lengua.

Quien prefiere andar por el modelo de Barcelona, tan en boga en cuanto país quiere ver a sus calles habitadas de zonas rosas, en donde cohabitan tiendas, restaurante de comidas rápidas, bisuterías y electrodomésticos con fecha de caducidad, al instante de comprarlo, pues al segundo ya hay un nuevo artículo en el mercado; acompañados a diario por el último grito de moda de los andantes con cara de turista, tanto los de acá como los que vienen de otras latitudes. [2]

En ciudades que no son estructura sino decoración[3]. Si fuese de estructura, remitiría a tiempo largo, ostensibles en un hacer de vida social implicada en el guardar, conservar. La verdad no es así, ahora, son ciudades que su constante, es el cambio hora tras hora. Así mismo pasa con lo escrito, se busca, ese texto light para pasar a otra cosa, a otro hacer con base al despilfarro, acompasado a los créditos desbordados en cuotas.

II
Queda un largo silencio ante lo escrito; una propuesta de lenguaje castizo y literario, llega a este instante, luego de largas horas sin tomar esta lata de conservas, a la larga no es para reivindicarme con mi lado, esa voz, una voz guardada hace meses. Quizá por mis últimas crisis de escritura, en donde he tenido que sentarme a meditar a conciencia, lo tanto dejado en papales amarillos, blancos y digitales. Será entonces, hallar una comprensión de esto, venido de lo vivencial, de lo ocasional, o de las lecturas, aquellas de los libros y de los monólogos de quienes escucho a la hora de una cerveza, vino o café con sabor a trozo de chocolate.

Usuales conversaciones, en el diario de los días, de este náufrago de la ciudad, viviente con amnesia de su pasado. Ando, por entre sus calles, en ocasiones en la noche virtuosa de luces artificiales, otras, en lo diurno por los andenes, donde pasa la señora con su sola soledad y su perrito tacita de té. Quehacer, acostumbrado mis ojos nostálgicos, de lo que fue Medellín ahora 80 años. Tanto, increíble, como lo es, las lecturas en las que veo a un Gonzalo Arango en búsqueda de hacer un tejido de nada y de empanadas, café y unos besos en los pechos rosaditos de algún amor, embebida de su voz profunda y enigmática mirada. Te hace quedar inmóvil, para escucharle su discurso, ese manifiesto del 58. Con el fin de pellizcar las nalgas de los sobrios sacerdotes, confabulados con el político de turno en el poder Colombiano.

De esto hace tiempo, cuando el movimiento literario el Nadaísmo partió con su vestido de hilos de una Jorge Gaitán Durán y su propuesta Mito. También esos hilos de aquel político en donde decía que su voz es el pueblo y que él era el pueblo mismo, este hombre asesinado en el 48, Jorge Eliecer Gaitán. En esta ebullición de ideas, se entrevé a un Gonzalo Arango, dispuesto a sacudir las cabezas de pacatos, mercantilistas que impusieron sus normas y doctrinas a punta del miedo a Dios y de armas de fuego.

A lo que me refiero con lo anterior, el contexto literario de los Nadaístas se dá en la década de los 50’s cuando Jorge Gaitán Durán un Cucuteño que vivió parte de su vida en Europa; a su regreso funda la revista cultural, Mito. Con un grupo de poetas llamados los Cuadernícolas. Por tanto, Mito, fue el lugar para escritores nuevos y reconocidos, en una época de conflictos entre conservadores y liberales, dando una de los años más sangrientos que tuvo Colombia.[4]

Si nos ubicamos en esa margen, en donde los partidos se disputaban el poder; los Nadaístas estaban ahí, viviendo y padeciendo los atropellos a la juventud. Entonces, lo que oliera a mojigatería, modernidad mercantilista, hombre-máquina; siguiendo parámetros de la normatividad y las leyes de Dios. Los nadaístas debían manifestarse.

Es evidente, en esos momentos escuchar desde un pulpito que los liberales son los malos, los impíos; al campesino común y corriente eso se le cala en los huesos. A raíz de eso, surge la revista cultural Mito de Jorge Gaitán Durán, en Bogotá, en 1955, la cual tuvo una corta duración debido a la muerte del poeta en un accidente aéreo el 21 de junio de 1962.

Nos ubicamos en un país en guerra entre los católicos y los impíos, los conservadores y liberales; el campo estaba en completa postración; ensangrentado, debido a las batallas que fueron bárbaras. Por ese entonces el presidente era Laureano Gómez, en el año 51, derrocado en el 53, por Gustavo Rojas Pinilla, quien fue un general golpista conservador, el cual trató de pacificar al país y más o menos lo logró. Luego en el 58 llegó el Frente Nacional, comenzando con Alberto lleras Camargo, desde ese momento los dos partidos se fueron turnando el poder, hasta el 78 con el último presidente del Frente Nacional que fue Julio César Turbay Ayala. Tenemos en ese contexto de los años 50, una pugna por recuperar el poder la iglesia católica. [5] Y el nadaísmo enfilaba gente a su idea de sacudir los cráneos agusanados de poder y mercantilismo.

Desde este panorama, en Medellín, a mediados del 58, se hizo un congreso de intelectuales católicos, precedido por René Uribe Ferrer, que era el intelectual más católico que había en el país. Entonces se iban a reunir en el Paraninfo de la Antioquia. Gonzalo Arango que en ese tiempo tenía 27 años, porque nació en el 31 en Andes. Se reunió con otros jóvenes menores que él; Jotamario es del 40, Eduardo escobar es del 43, Darío Lemos es del 42 –fue uno de los mejores poetas que tuvo el nadaísmo-, Amílcar Osorio es del 40, Jaime Jaramillo escobar X504 es del 32. Acompañados de otros muchachos quienes siempre les hacían corrillo y andaban como si fueran una “patota”, a infinidades de partes; una de ellas, el de hacerse entre las calles Junín con Maracaibo; en un sitio llamado Versalles, al frente quedaba un salón de villares, al lado de Versalles había un Grill, Miami. Entre este y el otro se mantenían turnándose, huyéndole a la policía y en especial a un detective que le llamaban el “ñato”, que siempre quiso darles captura por ser bebedores y marihuaneros. Cuando se terminó el Miami, continuó sus encuentros en el Metropol.[6]

En el que se reunían a escribir, fumar, jugar billar. Como decía, hubo éste congreso de católicos, en donde ellos tiraron un pedo químico; eso se dañó, todo el mundo salió huyendo como pepa de guama. Luego, en misa de domingo, de eso de las doce del día, en la Iglesia Metropolitana, los muchachos cogieron las hostias y las tiraron contra el piso y las pisaron. Ante esto, a Darío Lemos, el obispo casi lo apuñala con un Cristo, casi lo mata, sino se lo quitaran de  encima al padrecito. De ahí, encanaron a Gonzalo Arango y estuvo un mes en la cárcel de la Ladera. Estando en reclusión escribió: memorias de un preso Nadaísta, un texto bellísimo por su lírica y su poética del lenguaje. Sumando a otras obras que hizo en vida como: Sexo & Saxofón, Obra Negra como también obras de teatro y reportajes para la revista Cromos. [7]

El camino de Gonzalo Arango estuvo permeado de situaciones de orden político, católico y social, llenando sus ideas para manifiestos y criticas ante el status quo de la época. Cuando el nadaísmo ya se hacía recurrente en los comentarios de pasillo, en los parques y entre los literatos conservadores y liberales, para ese entonces, los Nadaísta se trasladaron a otro lugar para seguir con sus charlas de lecturas y noticias de periódicos.

Por ese entonces de los 70, estuvieron con sus costumbres en un café llamado Ópera, mismo nombre del cine que había al frente de este mismo; por esa misma calle estaba la librería Aguirre, a la cual pasaban para saber las últimas novedades en literatura, filosofía. Siguieron nutriendo sus postulados, con tonos de lo existencial, lo nihilista, la generación beat, los poetas malditos y el pop art.

El nadaísmo fue un caldero de ideas, que estaba en pro de dejar en pelota cuanta doctrina e ideas preconcebidas. Con el fin de ser nada más que existencia, un existir que se apagó cuando Gonzalo Arango tuvo el accidente automovilístico en el 72, en donde perdió la vida. Es verdad, el Nadaísmo llegaría a su fin con su gran expositor y panfletista: el profeta. Que quiso enérgicamente cambiar a una sociedad que solo buscaba mantener las “buenas costumbres” a costa de un pueblo vendado a punta de leyes y normas con su rezo dominical.

III
Ante lo nombrado en este media noche en que me hayo de cabezas en la lata de conservas, encuentro demás, palabras para decir esto o aquello, a ver si por lo menos estos “insectos” humanoides, entienden de una buena vez a que vengo hacer a esta hora; en que tomo café, fumo y me hago el imbécil para no comer, sino más bien en entretenerme con estos muchachos y muchachas que buscaron entre licores y marihuanos: No callarse nada.

Ideas para seguir pellizcando las nalgas a los burócratas y sacerdotes de pacotilla. Por tanto, sigo pensando en aquella señora con su perrito de tacita de té, al compás de mis pensamientos de que los Nadaísta, su plástica, su poesía, si se analiza a conciencia, es una poesía caricaturesca con tintes del movimiento beat.

En definitiva eran muchachos y muchas iconoclastas, callejeros, rumberos; incluso influenció de algún modo a mi entrevistado Juan Fernando Uribe, un hombre romántico y dispuesto a promulgar paz y amor, así suene trillado y toda la cosa de esos años 60, es una propuesta con su significado y significante que hay que darle su importancia.

Que puede perfilar, esa búsqueda de hacer mejor a los seres humanos que rondan de un lado a otro como la señora del perrito tacita de té que en algún momento perseguí para preguntarle que si oyó alguna vez a Gonzalo Arango o si su perrito supo algo acerca del nadaísmo y su vanguardia en poner el dedo en la llaga al satus quo. Pero no, resulta que la señora huyó despavorida en el instante de acercarme con la Obra negra y leerle el manifiesto al homo sapiens.

Esta serie de palabras y palabras, encajadas en una serie de coherencias e imágenes de lenguaje castizo y literario; me hace pensar, que el nadaísmo, es la filosofía de la nada, la cual implicaba muchas tendencias, muy bonitas como lo afirmó el médico general juan Fernando Uribe.

Por consiguiente, acogieron ideas orientales, tomando de allí, ese despojarse lo cuanto es el consumo, el mercantilismo, las ideas preconcebidas, la recalcitrante mojigatería de muchos humanoides que habitan y cohabitan esta ciudad de apartamento-dormitorio. Su propuesta entonces era irse en contra de esa época persuadida en la doble moral, el materialismo y el poder queriendo más poder.

Con una conducta asumida como normal, bajo los parámetros de lo católico, pues la iglesia quería y deseaba seguir siendo un príncipe a todo dar. Entonces entran los Nadaísta a punta de panfletos con cara de tumba-ídolos para dejar títeres sin cabeza. Sin embargo, los engranajes del sistema político, social y religioso de la época, los encaminó  a que les iba ser difícil hacer un cambio en el mundo, su mundo, este terruño llamado Medellín.

Con lo dicho anteriormente, me tomo el descaro de decir más, porque nunca esta demás, contar, cuando estuve haciendo la entrevista a este hombre maravilloso por su ser iconoclasta, por su voz que te contagia ese amar, ese creer en el amor. Me contó en breve, ideas que a mi modo de ver sería fundamental. Pues si ya se sabe que el nadaísmo ha muerto en un automóvil por allá en el 72. El nadaísmo debe surgir, como una propuesta ya no rebelde sino una propuesta que dejó expuesto Gonzalo Arango, así que para que aprieten nalga les dejo un poema muy interesante.

“Abandono la tumultuosa taberna por la soledad creadora. Y daré testimonio de mi actitud nadaísta a través de la creación y no de la alucinación. Cambio la pereza por la contemplación. El aburrimiento satisfecho por la desesperación creadora. El silencio por la protesta. Elijo la nada que tiene un porvenir en la vida, al vacío que no tiene porvenir  en nada, y que equivale a la muerte. El verdadero nadaísmo reclama este espíritu viril, este espíritu que convertido en actos dará testimonio de nosotros. El nadaísmo no ha muerto, sino que toma conciencia de sí mismo, se supera, nos hacemos responsables de él, y lo tomamos en las manos para pesar su importancia y medir sus alcances. Deja de ser lo que es para ser superior a sí mismo”.[8]

Esto no es más que un abre bocas de haberme metido de cabezas en la lata de conservas con sabor a polución, café, hierba y palabras con su tono de nada, nada, nada. Un compás caricaturesco que quiere el dedo en la llaga; por el hecho de una sociedad “evolucionada” en el individualismo y un hedonismo mal entendido, dentro de una cultura light. En su corriente lleva una juventud desmotivada intelectualmente, desde la clase alta. No sucede entonces con la clase popular, estos jóvenes son más pensativos; es una muchachada más inquieta. Así uno vea lo contrario en los medios, ese efecto del consumismo en la clase media alta. Pero la clase popular es una juventud que explora, se mueve, se inspira; es una franja de jóvenes que son curiosos. El nadaísmo sería muy interesante rescatarlo porque continuaría poniendo el dedo en la llaga.

Por ese tejido de despojarse de las ideología, diálogos prefabricados. Dando paso desde su desnudez a construir nuevos advenimientos culturales para crear un hombre nuevo; justo, digno y creativo.

De ahí, partió este cuento hace unas semanas, cuando tomé la idea de acercarme a un movimiento literario, el cual siempre me dejó la inquietud de por qué no está, de si ahora la juventud será capaz de permearse del nadaísmo, hacerlo neo-nadaísmo o llamarlo también pos-nadaísmo como me lo dijo juan Fernando Uribe, que sería interesante e importante que vuelva para estos tiempos.

“Abriría nuevos interrogantes para salvar el mundo de la anarquía y el caos. Se está viviendo la cultura del desamor: no me importa quién eres tú, desde que no me afecte a mí. Es un estoicismo pequeño burgués muy mal entendido”. Palabras menos, palabras más, me dijo éste hombre, un enamorado de los Beatles. Quien me recuerda unas cuantas palabras de un viejo texto, realizado en el 2010 luego de una conferencia acerca de la violencia y la literatura en donde hablaba de los Negroides de Fernando Gonzales y Angosta de Héctor abad Faciolince.

En fin, el texto es adecuado para este sabor seco de la lata de conservas y al que no le gustó, pues que se joda. Mientras fumo y ya saben, tomo café y escucho música a mi gusto que no viene al caso por ahora. Lo que si viene es el texto: En una mañana de julio salí a tomar el bus para dirigirme al centro, llamado común mente “el hueco”, y en uno de los asientos noté en la expresión de un señor, aquello de lo oído hace semanas atrás:

El miedo aún persiste, es aquello que se guarda en los borde de los parpados, el miedo a decir, el temor de manifestar lo cuanto nos duele el yugo, a la hora de ver las injusticias y atropellos al campesinado, al trabajador, al estudiante, al artista por mencionar unos cuantos. Aún hay miedo a cada instante, de algún minuto y hora. Cada mañana, puede ser el fin. El comienzo de estar inerte, se promulga lo que es incorrecto, arbitrario, ilícito, ofensivo con su doctrina de abuso de poder.

Observé este hombre menudo bordeando sus sesenta años y le pregunté a sus ojos: Cuánto somos miedo, otras veces amarillistas o sensacionalistas. Sus ojos no dijeron ni una gota de sorpresa o incertidumbre, así que me acerqué y le dije en tono amable: somos cómplices en silencio, solo siendo espectadores. Cuánto somos durmiente ante las opresiones, las ilegalidades. A veces son ellos los mercenarios, los traficantes de la muerte con sus matices. Desde el más brutal, hasta el agónico. ¿Y nosotros? ¿Qué de nosotros? Y él no dijo nada, me era asombroso como este hombre era la mínima expresión de lo que alguna vez fue humano; ahora no es más que un autómata dirigiéndose a su trabajo. Sin embargo, le seguí preguntando:

Cuánto somos cómodos, cuántos somos secuestrados por nosotros mismos. Y no permitimos que la razón grite independencia, vocifere libertad, exclame convivencia. ¡No! Lo amordazamos. Lo atamos, lo torturamos, lo ahogamos en la oscuridad. El corazón no se escapa de eso. Como lo es un familiar, un amigo, una pareja, un conocido y un reconocido. Una persona: un niño, una niña, un joven, un adulto; hombre y mujer.

Es irónico como la violencia, es como la vida, son los únicos que no distinguen como Dios y el Diablo, el hecho de ser de alguna raza, de alguna creencia, de alguna ideología, o de algún sexo. Todos son adecuados, al maltrato, al atropello, al despotismo, a la corrupción, al desplazamiento, al racismo y a la negación.

A un sinfín de arbitrariedades que tienen cabida en las clases sociales, económicas, académica, laboral, social, cultural y literario. De ello, en ello.

¿Cómo entonces lograr que las cosas cambien, que no todo sea un animal de sangre? Pero esta modorra, este estado letárgico, catártico, en sentirse sedado; todo cuanto es piel, cuanto es venas y carne, inclusive las articulaciones y huesos. ¿Qué falta? Más sangre, más llanto, más dolor, más angustia; un ángel caído o un redentor.

Seguimos siendo autómatas en un pueblo complejo, en una ciudad trajinada, en un país consumista, en un continente mundano, en un mundo globalizado. Seguimos siendo una serpiente comiéndose su cola a su máxima lentitud, tanto así que no nos damos cuenta, —o si no la damos, lo dejamos de largo, porque otro día, y otro día será que hagamos algún cambio, por ahora sigamos en lo que estamos—, es estar a lo proporcional a lo anteriormente mencionado, porque son círculos viciosos que nos tiene confortantes mientras nos vamos amurallando, en el auto, en la calle, en la casa, en la acera, en el trabajo, en la mesa, en la academia, en la ropa, en el barrio, en el habla, en la ciudad, en la mirada, en el país, en la rumba, en el continente, en el ordenador y en el dormir.

Notas:
[1] Zuleta, Estanislao. Elogio de la dificultad y otro ensayos. En: sobre la lectura y la ideología. P. 69

2 Delgado Manuel. La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del “modelo de Barcelona”. Editorial Catarata. 207. Pag 12
3 Delgado Manuel. El animal público. Editorial Anagrama 1999. Pag 25

4 Uribe Juan Fernando. Médico general. Amigo cercano de los Nadaístas a principio de los 70. Entrevistado para el artículo acerca del Nadaísmo, el día 17 de septiembre a las 4 de la tarde. Medellín 2013

5 Uribe Juan Fernando. Médico general. Entrevistado.

6 Valencia Elmo. Bodas sin oro cincuentas años del nadaísmo. Edición y producción editorial Rocca. 2010. Pag 54, 71

7 Uribe Juan Fernando. Médico general. Amigo cercano de los Nadaístas a principio de los 70. Entrevistado para el artículo acerca del Nadaísmo, el día 17 de septiembre a las 4 de la tarde. Medellín 2013

8 Valencia Elmo. Bodas sin oro cincuentas años del nadaísmo. Edición y producción editorial Rocca. 2010. Pag 54, 71












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